La constante falta de lugares donde practicar llevó a Daniel a soñar en la posibilidad de rodar en Woodward, la Meca de las rampas, en Pennsilvania. La oportunidad de conocer a un residente de Woodward, el profesional Tom Stober, en un demo en Suramérica en 2003, resultó en una invitación para ir al campamento y Daniel sacó provecho de ello en 2004. En principio se iba a quedar dos semanas, pero lo disfrutó tanto que terminó quedándose casi todo el verano.

Creció en Caracas, Venezuela, y se paseó por diferentes deportes como el karate, el básquetbol, hasta que algunos de sus vecinos compraron bicicletas. "Yo no podía mantener el equilibrio", recuerda él. "A los 12 años de edad, comencé a montar bicicleta por primera vez, y sólo para pasarme un rato con ellos". Eventualmente conoció un grupo de corredores de BMX, que lo llevaron al Skatepark local– un parque especial para patinetas y bicicletas-. Dio sus primera vueltas alrededor del parque el 4 de febrero de 1998, una fecha que recuerda con gran facilidad. "Me mareé montando por las rampas", dice él, "pero en realidad me gustó, así que empecé a ir todos los días. Siempre me gustaron las rampas y me gustaba saltar alto. Me tomó dos meses para finalmente montar, y sólo permaneció abierto dos años antes de que lo cerraran", dice Dhers

 

Daniel se vio forzado a ir a las calles para practicar sus técnicas y mejorar sus habilidades en la bicicleta. " Montábamos en las calles, pero allí siempre hay algo que te lo hace difícil, si no son los policías son los ladrones. Solíamos montar bici en una plaza, Los Próceres, hasta que nuestro lugar de práctica se llenó de guardias militares con FAL. En realidad no da muchas ganas de montar bici cuando hay tantos guardias y armas (risas). Cuando era más joven, recuerdo el golpe de estado del 1992 y los tanques militares en las calles. Era muy difícil rodar y practicar en la calle en ese momento."

 

Cuando Daniel cumplió 16 años, sus padres recibieron una oferta de trabajo en Buenos Aires, Argentina y allí se fueron. "Al principio fue difícil; no conocía a nadie. Sin embargo, había un Skatepark ahí y eso me ayudó mucho porque había más deportistas y rampas más grandes. La gente ya hacía los flips (vueltas hacia delante o atrás); era un nivel completamente distinto. Comencé a ir todos los días, todo el día. Realmente me enfoqué en lo que hacía". Lamentablemente, el parque eventualmente también cerró y Daniel volvió a las calles en su bici, o se iba a un parque que quedaba a una hora y media de distancia en tren.

Justin Kosman
Justin Kosman